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Cómo manejar la ansiedad diaria: 3 estrategias concretas

Lic. Guillermo Gerk Oberman

Lic. Guillermo Gerk Oberman

6 de Mayo de 2026

Vivimos en una época hiperconectada y exigente donde la ansiedad se ha convertido en una compañera casi constante. Sin embargo, cuando esta emoción pasa de ser un sistema de alerta útil a un ruido de fondo constante, comienza a mermar nuestra calidad de vida.

La paradoja del control

Una de las mayores trampas de la ansiedad es creer que podemos eliminarla intentando controlarla. Según la Terapia Sistémica Estratégica, intentar forzar la calma suele generar exactamente el efecto opuesto. Mientras más te ordenes "no pienses en eso" o "relajate ya", más alerta se pondrá tu sistema nervioso.

Estrategia 1: La media hora del "peor escenario"

En lugar de luchar todo el día contra tus preocupaciones, la técnica de la intención paradójica sugiere algo contraintuitivo: asignale a tu ansiedad un horario fijo. Dedicá 30 minutos al día, reloj en mano, exclusivamente para preocuparte de manera intencional y exhaustiva. Escribí todos los peores escenarios posibles. Una vez terminados esos 30 minutos, la sesión de preocupación se cierra hasta el día siguiente. Esto le quita fuerza a la rumiación constante.

Estrategia 2: Distinguir entre "Problemas" y "Preocupaciones"

La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) nos enseña a clasificar nuestros pensamientos. Un "problema" es algo sobre lo cual podés accionar hoy (ej: "tengo que pagar el alquiler mañana y me falta dinero"). Una "preocupación" es hipotética y futurista (ej: "¿qué pasaría si me despiden el año que viene?"). Si no podés hacer nada al respecto en el presente, categorizalo como ruido mental, no como un problema a resolver.

Estrategia 3: Anclaje al presente (Grounding)

La ansiedad vive en el futuro; tu cuerpo vive en el presente. Cuando sientas que tu mente se acelera, usá la técnica 5-4-3-2-1 para reconectar tus sentidos: buscá 5 cosas que puedas ver, 4 que puedas tocar, 3 que puedas escuchar, 2 que puedas oler y 1 que puedas saborear. Esta demanda cognitiva corta momentáneamente el circuito del pánico.